Hipótesis sobre cómo se producirá el cambio de régimen

Es probable que nadie, ni siquiera aquellos que trabajan con diversas herramientas de análisis, haya previsto un estado de cosas como el que se está viviendo en Venezuela. Nuestra realidad ha mostrado una capacidad de burlar de tal forma los análisis y a los analistas que desconcierta. Los hechos van a una velocidad y responden a unas lógicas que, a menudo, sobrepasan las herramientas de quienes la estudian.

Todo lo anterior tiene una explicación que, dentro y fuera de Venezuela, hemos tardado en entender y asumir: que los instrumentos de análisis no están hechos para medir o prever el mal, el ejercicio abierto y creciente del mal político, que es el signo primordial del poder en Venezuela. En Venezuela no gobiernan ni la izquierda, ni una ideología, ni una coalición de revolucionarios: gobiernan facciones de delincuentes. De familias que han salido del umbral de la legalidad. De grupos que aterrorizan a sus propios seguidores. Mafias de odio ilimitado.

Ni los peores pronósticos alcanzaron a vislumbrar que la enfermedad del poder llegaría al extremo de matar de hambre, matar de escasez, matar de inflación, torturar, activar la delincuencia, destruir la producción, llevar la corrupción a niveles impensables, hacerse parte del narcotráfico, destruir las instituciones, erosionar las fuerzas armadas, crear grupos paramilitares, mentir, mentir una y otra vez, mentir hasta tal punto que ha causado un enloquecimiento generalizado.

Hay que haber perdido todo vínculo con la realidad para ser capaz, en el período de mayores sufrimientos que haya conocido Venezuela desde la Guerra Federal, el más doloroso y humillante de los últimos 150 años, para escribir tuits, como hacen algunos poderosos, uniformados y no uniformados, hablando de la felicidad del pueblo venezolano./Leer más en: El Nacional/

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